Y
mientras me ahogo aquí sentado, pensando que con cada respiro puede
ser mi fin, mi mente se encuentra fija en ti con recuerdos absurdos,
de fragmentos que no puedo cerciorar, con un celo inimaginable por
razones que no comprendo, el celo de un hombre que vigila como un
león, el celo de un hermano que cuida de su sangre, ¿por que, si la
maldad del hombre pulsa tan fuerte en mi como en cualquier otro, cual
es el problema?
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