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Friday, May 27, 2016

El Nodo

La escalera es mas largo de lo necesario, es una escalera de tubos vieja, oxidada, sin ninguna clase de pintura visible, vibraba y se movía ya casi llegando a la cima del edificio de un lado a otro, de no ser por la reja de protección de medio tubo era probable que Miguel y varios de los que se atrevían a subir ya hubiera caído a su muerte mucho tiempo atrás.

No había otra manera de subir o bajar, ni existía otra manera de acceder al edificio, era uno de los pocos que quedaba de pie casi intactos, daba un buen campo visual a lo que quedaba de la ciudad, de aquellos monstruosos edificios que de tiempo en tiempo se derrumban y la gente corre avariciosamente a saquear de todo el acero que pueden.

Llegando al tope del edificio recibió la bienvenida del portero, Otto, le decían, un hombre no muy musculoso pero con suficientes cicatrices para probar que no era cualquier hijo de puta con suerte, tenia las habilidades para sobrevivir y si fuera un poco mas inteligente también las tendría para manejar su destino, dependía, al igual que todos en el área, del intercambio en el Nodo, ahí donde se reunían todos a tomar algo que "todavía apendeje y no mate tanto o que si me mata sea mas rápido que un balazo", donde todavía se podían obtener algunos objetos en buen estado de los tiempos antes del cataclismo y donde de vez en cuando aparecían algunas cosas que cambiaban la suerte del que la tuviera, en el Nodo se podía cambiar todo por todo de igual manera y si la mente es suficientemente abierta y la moral escueta se podían pedir las mas asquerosas y pervertidas fantasías que todavía se pudieran realizar después del fin del mundo.

-¿Que llevas? Pregunto Otto con aquella miraba inquisitiva que le daba a todo mundo al entrar, de brazos cruzados, la piel de su chamarra tronaba y las pisadas de las botas hacían un eco pesado.

-Cosas para el intercambio. Que mas voy a llevar pendejo, pensó Miguel instintivamente y lo vio venir, un putazo que le saco el aire y lo poco que había comido en el día, la cabeza le daba vueltas, miraba destellos y puntos blancos y grises cruzando lentamente por su visión, los ojos llorosos, el estomago sumido, las piernas débiles y la garganta ardiendo, venas brincando de la frente y el cuello, hincado, usando la mano derecha para no caerse, sosteniendo su cuerpo, la mano izquierda cubriendo su estomago.

-Ahí te encargo el debido respeto, camarada. Si, también podía leer la mente, era uno de los raros que había nacido con el fin del mundo, algunos dicen que antes del fin ya existían pero que eran mucho mas raros que en estos tiempos, sea cual fuera el punto lo podía hacer y no había manera que nadie se pudiera defender de eso, especialmente cuando la privacidad mental era algo que todos daban por hecho.

-Si, como no. Respondió Miguel entre dientes, minutos después logro componerse, todavía con el dolor en la garganta, el estomago y el orgullo, paso rápidamente hacia la puerta de metal donde toco tres veces, una ranura casi a la altura de los ojos de Miguel se abrió, no se observaba nada del otro lado, oscuridad.

-¿Quien va? Pregunto una voz que sonaba ridícula, era suave pero quien fuera que hablara trataba de hacer que sonara mas profunda, forzandola mas alla de su tono habitual.

-Miguel. Respondió de manera cortante Miguel, aquí se iba a quedar una media hora si no apuraba a la persona.

-¿De donde viene? Pregunto nuevamente la voz, esta se había tardado mas o menos un minuto en responder, Miguel sabia que estaba leyendo de algún lado y le cansaba tener que esperar todo el proceso para entrar, especialmente después de lo que le había pasado.

-De afuera, no mamen ya dejen pasar.

-Esa no es la-- Miguel le dio una patada a la puerta lo cual provoco un suspiro largo de la persona que estuviera adentro, Otto avanzo rápidamente contra Miguel pero este rápidamente saco un revolver que apunto a Otto.

-Calmado, cabrón. Dijo Miguel a Otto, quien simplemente se quedo parado, el ojo izquierdo entre cerrado, parecía masticar algo, se lamia los labios y los dientes lentamente de derecha a izquierda y hacia algunos gestos como si fuera un simio, algunos ridículos, otros intimidaban, Miguel también había aprendido a mantener la mente en limpio en cualquier situación critica, esa había sido la herencia indirecta de las historias y encuentros que había tenido con Otto.

-Déjenlo pasar ya. Grito Otto, de la puerta se escucho metal chillando horriblemente, se abrió de golpe y una mujer portando un hacha y armadura hecha de placas de automóviles camino hacia Miguel quien fue tomado por sorpresa, su primera reacción fue cambiar de blanco pero decidió continuar apuntando a Otto por que en la jerarquía era el mas alto, era el que mas dolería su perdida y se se iba al menos quería hacer un desmadre para los que queden vivos, pensaba.

-Amanda, cero pedos. Otto le apunto a Amanda quien bajo el hacha lentamente, se movió a un lado de la puerta y dejo pasar a Miguel, Amanda era una figura de un metro y medio de alto, no tenia mucho musculo pero tampoco le costaba moverse con la armadura o blandir el hacha, otra que llevaba años de experiencia en lo que hacia y con quien no queria enfrentarse.

-Gracias mija. Miguel le lanzo a Amanda un beso y esta le miro con ojos de navaja, rápidamente alzo su hacha aunque ya para cuando se ponía en posición Miguel ya se había escapado en la oscuridad del pasillo, de paso le había dado un golpe a quien fuera que lo estuvo deteniendo con las estúpidas preguntas, tenia prisa, no faltaba mucho para que Abel se fuera.

Al final de aquel pasillo vio la luz, el Nodo era parte de una vieja nave industrial que fue adaptada con el tiempo por los que pasaron por ahí, la leyenda contaba que los trabajadores originales habían dado forma a lo que ahora era pero ninguno de ellos seguía vivo para confirmar. Viejos hornos industriales y las chimeneas daban lugar a conversaciones, encuentros y peleas, era el único lugar donde era seguro prender algo sin que el lugar se quemara por completo, especialmente con toda la basura que tiraban a las llamas que a veces creaban ligeras explosiones.

Una vieja barra de madera traída de algún bar fue adaptada para servir también como un lobby de bienvenida a nuevos visitantes o mercaderes, las reglas eran sencillas, todas las peleas se resolvían sin armas, podían ser a muerte y eso se resolvía en el ring de concreto.

La mercancía se intercambiaba en el almacén, las rentas de mesas o zonas para venta era dependiendo del espacio que se necesitara y la cantidad de objetos en venta, podía ser relativamente barato si lo que estaba en venta era necesario o de lo contrario deberían dejar buena parte de su mercancía o toda la mercancía, algunos mercaderes yacían muertos en alguna parte del Nodo y nadie se había tomado la molestia de enterrarlos, eran un recordatorio para todos en general de que la administración era dura y no se tentaba el corazón.

Miguel paso la barra, paso varios hornos, los mercaderes, llego con Abel, en el horno A7, poca luz, poca gente, lo reconoció de inmediato Abel y se paro rápidamente dando unos brinquitos, se inclino al frente para dar varias palmadas a un cojín que tenia sobre una caja de madera para conversar frente a frente, emocionado una vez que Miguel tomo asiento este le ofreció una copa de algo que no era necesariamente alcohol pero que tenia el mismo efecto.

-Bueno mijo dime, me tienes todo emocionado pues. Le dijo Abel con aquella voz ligeramente chillona y sensual, se comía las letras de pronto y hablaba barrido de pronto, el mismo se perdía en la emoción de sus palabras, la luz tenue hacia resaltar la falta de cabello en su cabeza o en el rostro, estaba ligeramente maquillado, las cejas inexistentes, unos tubos salían de su cuello y se insertaban en sus brazos, su ropa era una vieja camisa de un color que había llegado a ser un rojo tenue pero probablemente había sido un rojo mucho mas oscuro, unos pantalones cortados a nivel de la rodilla y botas que compensaban la falta de tela para cubrir el resto de sus piernas y pies -Me dijeron que te habían metido unos chingadazos allá afuera, mi pobre chiquillo.

El querer acariciar Abel a Miguel este se hizo ligeramente hacia atrás, Abel sonrió de oreja a oreja y alzo ambos ojos mientras suspiraba.

-Tengo lo que me pediste. Miguel tomo de su mochila una caja negra con dos seguros que abrían con una numeración de tres dígitos cada uno, Abel dejo su vaso rápidamente de lado y tomo la caja, paso sus manos lentamente por el borde hasta llegar a los números.

-Cual es la clave? Pregunto Abel emocionado, Miguel saco un pedazo de papel del bolsillo derecho de su pantalón y leyó en voz baja.

-Seguro izquierdo, nueve siete tres, seguro derecho, seis uno seis. Abel rápidamente acomodo las ruedas en los números. indicados y libero los seguros, abrió parcialmente la caja para observar su contenido y con una enorme sonrisa y ojos que salían de su órbita asintió rápidamente.

-Muy bien chiquillo, muy bien, así me gusta. Abel cerro lentamente la caja, una sonrisa juguetona en su rostro, dejo de lado la caja y cruzo las piernas, manos descansando en la rodilla derecha, inclinado hacia el frente. -¿Que vamos a querer?

-Lo de siempre, pero que estas vez valga la pena. Respondió Miguel, Abel movió la cabeza de un lado a otro mientras hacia bailar sus ojos en elipse de izquierda a derecha.

-Hmm, siempre vale la pena. Abel puso su dedo indice derecho debajo de su nariz, en medio, se quedo así por un momento y camino hacia la mesa donde tenia la botella del liquido que le había servido a Miguel, de ahí tomo capsulas transparentes con un liquido viscoso de color oscuro.

-Lo mejor para mi niño bien portado. Abel le entrego las capsulas a Miguel quien de inmediato las guardo, se arrepintió ya que había guardado las capsulas y tomo una de vuelta, de su mochila saco una pistola con una ranura circular, la capsula entro rápidamente y Miguel la puso en la parte derecha de su cuello, sobre la vena, jalo el gatillo y ahí recibió la descarga de nano-maquinas que le mantenían con vida del cáncer que no lo dejaba ni lo dejaría, las nano-maquinas no estaban diseñadas para durar lo suficiente, vivía como rehén de lo que Abel le pudiera entregar y si es que le podía entregar en el momento.

Miguel cerro los ojos y se perdió en la oscuridad rápidamente en la oscuridad, una noche mas sin aquel dolor que difícilmente le dejaba vivir.

Wednesday, July 29, 2015

El Dasein Mecanico

En el cuadro medio de un edificio olvidado, un lobby de cristal quebrado, nacía una pequeña planta iluminada por un diminuto haz de luz, suena un taladro mecánico en el exterior, una figura humana de metal trabaja arreglando el edificio con los primeros rayos del sol.

La figura se acerca lentamente a ella, la observa cuidadosamente, la analiza. Voltea hacia atrás rápidamente, regresa la mirada a la planta y la destruye estrujándola en su mano metálica.

No comprende el propósito de aquello que no pertenece al plano original de la estructura que esta reparando, debe ser removido para continuar el proceso de reconstrucción de San Francisco, en su mente esa es la única prioridad mas allá de eliminar todo aquello que atente contra todo esto como el sonido de un vehículo en movimiento que viene a paso lento a unas calles de su locación.

-Tu puedes regresar a “Elcielo”- piensa mecánicamente, Maestro le ha programado así. “Todo ser vivo pertenece a Elcielo”. Error de dedo al programar, común entre los humanos, pero la maquina aun no lo comprende, “destruye” todo lo vivo, en Elcielo estará “mejor”.

Pasa con calma a la plataforma en donde tiene un viejo rifle de asalto que consiguió de una casa abandonada y va con calma al exterior en donde encuentra un terrible pretexto de vehículo al cual le dispara de manera controlada, un disparo a la vez, llantas, parabrisas, ve un rostro y dispara, una mano y dispara, quince disparos después toma con calma los cartuchos percutidos, los cuales guarda en una bolsa de lado, y avanza hacia el vehículo para ver que puede recuperar de valor.

No hay armas, no hay herramientas, solo seres vivos, ahora salvados, un trabajo bien realizado, como siempre. Camina hacia la plataforma, el equipo se encargara de varias los cuerpos-contenedores. Maestro le ha indicado absorber un instructivo que se llama libro. El es el elegido, el salvador, lo ha nombrado, el instructivo se encargara de despertarlo.

Es curioso, su maestro tenia tiempo que no le indicaba nada, no le hablaba, no ponía atención a eso ya que le había inundado de una infinidad de trabajos. El instructivo la parecía inútil pero lo observo con detalle, Ser y Tiempo, decía, pero que era ser y que tenia que ver el tiempo si todos los seres vivos morían, inútil para alguien que no fuera el ya que el solo podía apreciar el valor del tiempo y la futilidad del ser, comenzó a leer.


 ¿Muerte? ¿Cual era el interés en la muerte? ¿Que es un Dasein? ¿Conciencia? Estos conceptos no se los había enseñado su maestro, no con la importancia que les daba el instructivo. ¿Soy un Dasein?...

Saturday, January 21, 2012

La Libreria Mental


La Librería Mental
En una jungla de concreto destrozado las calles se adornan con los residuos de una civilización que callo súbitamente y desapareció por completo dejando vagos rastros de su gran poderío ante este nuevo mundo. En uno de estos muchos lugares que se encuentran a través del mundo viaja un hombre solitario, vestido con harapos que ha logrado confeccionar de lo que ha encontrado en estas ruinas y de paso se ha armado con la tecnología de ellos; se ha convertido en un verdadero guerrero del camino, un beduino sin rumbo, una nueva clase de viajero post-apocalíptico.
-Solitario, todo abandonado justo como los otros lugares que he visitado- Dijo el hombre en voz alta ya que se le había creado una costumbre de hablarse a sí mismo, todo fuera para mantener la cordura, pensaba pero a la vez dudaba incluso de su misma sombra. Años llevaba de este modo, tanto en el camino como con sus peculiaridades, todo porque había dejado su tribu en busca de algo mejor. Según a él le había llamado el destino en sus sueños, una serpiente de oro que tenía un círculo de fuego flotando sobre su cabeza, para que viajara a estas grandes ruinas e investigara. Viaja, aprende, ve, asimila, enseña a tus hermanos lo que has visto, probado y escuchado en los desiertos para que por fin entiendan la razón de su miseria y si tienes suerte, si te esmeras, tal vez puedas encontrar el paraíso le había dicho aquella serpiente divina.
-Lemuria, Atlántida, América- Todas estas palabras las había escuchado anteriormente de su maestro y le daban más fuerza para continuar en su carrera hacia su destino– ¿Esa tierra prometida existirá?-
Constantemente durante su viaje se había cuestionado de la existencia de tal lugar y también comenzaba a cuestionarse si existía acaso algún Dios o fuerza superior que le estuviera guiando en su travesía, se cuestionaba a sí mismo si estaba cuerdo o no y sin lugar a duda cuestionaba también los motivos de todos los monumentos a su alrededor y su propósito general. Durante su tiempo de meditación escucho un sonido que capto su atención, no sabía de dónde provenía pero inmediatamente le invoco a asistir a su llamado y con la mayor prisa corrió hacia el lugar que parecía una clase de recinto para muertos.
-¿Alguien vive?- Pregunto el guerrero en cuanto llego al lugar, se veía razonablemente bien conservado a pesar de la basura que se encontraba en la entrada y algunos objetos que estaban tirados en el piso que jamás había visto, pero solo escucho el eco de su voz lo cual le asusto siendo que jamás había escuchado su propia voz proviniendo de otra parte que no fuera su boca. -¿Hola?-
Su respuesta fue nuevamente ese sonido desgarrador que se volvió nuevamente su guía en este lugar lleno de tótems de madera, en su interior habitaban unos objetos rectangulares colgando de gradas que estaban entrepuestas a lo largo de ella, y por no conocer su propósito simplemente les ignoro y respeto como siempre le habían enseñado en su tribu; no toques ni juegues con aquello que no comprendes o podrá destruirte, los Dioses son coléricos y deben ser respetados, recordó este poderoso hincapié que le hacia su padre siempre que le encontraba jugando con animales u objetos punzocortantes. Cuidadosamente avanzando se encontró frente a frente con un hombre que furiosamente rasgaba el interior de los rectángulos causando ese sonido tan peculiar, ese tan interesante rasgar de piel, ese bramido de un animal muriendo lentamente, que venía escuchando desde afuera, este hombre iba vestido de una manera sucia al igual que él pero con el cabello colgándole por todos lados con una mirada desorbitada, furiosa y completamente perdida en la locura de destruir estos objetos.
-¿Hola?- El loco inmediatamente se alarmo y grito en pánico para después correr a esconderse detrás de uno de los tótems de madera donde, como animal salvaje, empezó a gruñir y sisear.
-¡Aléjate de mi, déjame que debo destruir este lugar!- Grito el hombre enfermo de rabia que le miraba con odio y desdén.
-¿Qué hace, porque tortura a estos objetos?- Pregunto el guerrero al ver el destrozo que había en esta sección de la tumba de tótems.
-¡Destruyo todo el conocimiento en estos libros, estos libros malditos que han destruido al mundo deben ser destruidos, destruidos por destruir al mundo con su conocimiento!- Grito el hombre el cual se quedaba sin aire casi después de gritar una o dos palabras y difícilmente podía conjugar algo coherente, parecía no haber tenido contacto humano desde hacía meses o incluso años. -¡Todo debe ser destruido, el ciclo debe ser completado!-
-Pero yo no veo que esas cosas le hagan daño a nadie, a mi me parecen tan inocentes como los animales que habitan el hombre con nosotros-  El hombre enfurecido aun mas se acerco al guerrero caminando como si fuera una clase de sapo o lagarto; con su forma de andar en cuatro patas iba avanzando lentamente esquivando los libros que estaban en el piso; al acercarse sus pupilas se dilataban, la respiración se aceleraba y recalculaba lentamente su siguiente paso para evitar tocar estos objetos a los cuales llamaba libros. Lenta pero seguramente comenzaba a acercarse al guerrero del camino el cual se alejaba a la misma velocidad de este hombre que parecía demente y corroído.
-¿Qué no lo entiendes imbécil, que no vez el daño que hacen, que no sientes como te quieren manipular?- El hombre toco uno de los libros por error y se paró de inmediato, comenzó a brincar en el mismo lugar donde estaba como si se quemara los pies y gritaba en pánico entre chillidos cortados por su respiración rápida y honda. -¡Lo toque, lo toque, lo toque!-
-Yo sigo sin ver cuál es el problema…- El guerrero observo el libro mas cercano y lentamente se acerco a tomarle, entendió que en el frente estaba algo escrito pero no podía comprenderlo, de donde el venia no se les enseñaba a escribir ni a leer pero si les habían inculcado matemáticas muy básicas y supervivencia para vivir en aquellas tierras perdidas. Aun así, y por curiosidad, por morbo, levanto el libro y lo observo con mayor detalle; este era un objeto bastante antiguo y su delicioso olor a nuez le causo melancolía, le daba a entender que debía tener hay muchísimos más años de los que el tenia vivo y que su sabiduría debía ser mucho mayor que la de su padre o el jefe de la tribu. –Interesante… y bello-
-¡Déjalo, eso que tienes en tus manos es el apocalipsis, no es bello, te va a chupar el alma, que no vez que estos son los responsables de que el mundo este como esta, como no vez que ellos son los destructores de mundos!- El guerrero nuevamente analizo el objeto y no entendió realmente lo que mencionaba el viejo hombre demente, mucho menos la mención del apocalipsis, alma o mundos ya que el solo conocía un mundo y era este. El hombre comenzó a llorar mientras continuaba su danza en su mismo lugar -¡Déjalo!
-No entiendo que se supone que tengo que hacer con esto ni mucho menos como puede destruir el mundo, si me explica tal vez pueda ver a lo que se refiere-
-El saber leer es la peor maldición de todas y si te enseño debes entonces aceptarla y pasarla a los demás para que también puedan conocer este sufrimiento… si, si, si debo pasarte este dolor que cargo conmigo y debo enseñarte a leer, debes sufrir como yo, debes de, debes, así no estaré solo y tendré a otros que me comprendan, que me ayuden, si, tendré a mas seguidores y cumpliremos con este deber sagrado- El hombre sonrió malévolamente y comenzó a reír de manera desenfrenada para después comenzar a llorar nuevamente y caer de rodillas. –Prométeme que una vez que te pase mi maldición me mataras porque ya no puedo seguir viviendo así, no puedo continuar así, no debo continuar así, tú debes cargar con mi culpa y ser el siguiente mártir por que yo ya me canse, estoy viejo y harto, estoy viejo, estoy harto… estoy muerto ya-
Con estas palabras el hombre viejo quedo mudo exactamente donde había caído y no dijo nada más al guerrero. Por unos segundos el guerrero observo con detalle la bizarra forma en la que el hombre había acabado su triste vida en aquel lugar y con el mayor respeto posible se retiro a la calle para continuar su travesía.
Unas horas después decidió descansar dentro de unos monumentos y analizar nuevamente el libro. Al hacerlo se aterrorizo cuando pudo comprender el contenido pero a la vez quedo suficientemente intrigado como para continuar, haciendo de lado ese temor, esa ignorancia, y con lentitud dio vuelta y vuelta a las hojas sin saber cómo parar, sin saber terminar de deleitar esa necesidad que crecía en el, ese fuego eterno por el conocimiento, su nueva encontrada curiosidad por el saber… la maldición había pasado con éxito hacia él, solo el tiempo podría decir que pasaría con este hombre y su nueva necesidad.

Por: Vicente Manuel Muñoz Milchorena

The Atlantean Thrones and the Valve

I can’t sleep, again. I see them all over me, figures that look like demons, human with horns of all kinds, twisted and spiraling in differ...