Juan Comodus vivía al lado de una muralla en una mítica y poderosa
ciudad. Para él era un día como cualquier otro, tenía el sol naciendo del
horizonte, una comida ligera y se terminaba de preparar para trabajar en el
mercado donde vendía especias. Le gustaba levantarse temprano y aprovechar el día,
el sol era su mejor amigo decía él, y este se retiro rápidamente para empezar
las labores pero no antes sin rezarle al poderoso sol que bañaba su ser y
aquella pequeña casa que había construido con sus manos. El Mercado era un
bullicio grave, soportable solo por aquella visión mítica del sol que le
acompañaba durante todo su día y que no quería perder ya que su casa no recibía
los rayos de luz al cierre del día por aquella fría pared. Juan Comodus no
tenia más que aprovechar el día y regresar a su casa, con su esposa la cual se
encargaba de tener todo en orden para cuando el llegara, pero al hacerlo se encontró
su casa bañada en luz, con centenares de visitantes y sin una pared que le
bloqueara la vista y eso lo hacía bastante feliz.