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Thursday, June 13, 2013

La boda

-Navarro, despiértate desgraciado- La voz se escuchaba a lo lejos, lentamente entonándose y fijándose hasta volverse coherente y agresivamente molesta, una voz profunda y fuerte que termino por despertarla completamente de un turbio sueño o pesadilla del cual no podía escapar. -Despierta Navarro, muévete o haz algo-

Scott Navarro se había quedado dormido nuevamente en su escritorio, al menos esta vez había logrado quedarse ahí y no en el suelo o en alguna otra parte de su oficina como el baño. Sobre de aquel viejo escritorio tenia a su derecha unas botellas de alcohol barato vaciás y un monte de cenizas, colillas y cajetillas vaciás a la izquierda, el centro decorado por un peculiar cráneo con bigote largo, fino en las puntas y grueso en la base, del un color blanco contrastante con el del cráneo, que parecía observarle fijamente.

-Despiértate que todavía estas a tiempo- Repitió la voz proviniendo a el como si fuera un eco dentro del cráneo.

-¿A tiempo para que?- Contesto con debilidad Navarro y observo un reloj que tenia en la pared pero sin éxito alguno para diferencias los números. -¿Que horas son?-

-Las once de la mañana-

-Es muy temprano todavía-

-Mira, papanatas, levantate y muévete que tienes una boda a la cual debes atender-

-Boda, boda de quien; que carajos quieres Porfirio, otra vez estas delirando-

-Escuchame bien inútil, te lo dije una vez y te lo repito, que te muevas, la boda no tarda en comenzar y debes ser testigo del evento-

-Para que debo ser testigo, quien me invito, cuando, donde, como, por que-

-Se casa tu mejor amigo y tu no te acuerdas, yo si y eso que soy un cráneo en una mesa barata de madera comprimida-

-Mi mejor amigo... ¿Félix?-

-El único amigo que te queda, y yo, pero yo te odio a muerte-

-¿Con quien se casa?-

-Tu ya sabes con quien, no me deberías preguntar esto. Vete, haz algo útil de tu patética vida y corre al registro civil-

-Bah... que importa-

-Importa, al menos así haces algo con tu patética existencia y tu nombre sirve para comprobar algo mas que una cuenta larga de alcohol en algún tugurio de mala muerte y las tiendas donde compras toda esta porquería-

-¿A que hora es?-

-Te quedan cuarenta minutos aproximadamente-

-Carajo- Navarro se acomodo en su silla, peinose rápidamente y observo unos haces de luz que atravesaban por las persianas de la ventana principal. -Oh no... la puta luz, por que, mi mas mortal enemigo-

-Usa unos lentes oscuros y muévete-

-No se ni siquiera--

-Segundo cajón de la derecha, al fondo- Navarro busco en el segundo cajón de la derecha y comenzó a mover todo lo que tenia ahí dentro, papeles y basura en su mayoría, pero al fondo topo con un par de lentes oscuros que se acomodo. -Muévete pedazo de inútil-

-Voy... voy...-

-Las llaves están en el primero a la izquierda, debajo de unos sobres manila que tienen dinero- Navarro siguió nuevamente los pasos, tomo algo de dinero y las llaves de su oficina y el Camaro.

-Bien, nos vemos Porfirio-

-Espero que jamas nos volvamos a ver, todos los días espero eso-

-Me encargare de ahorcarte una vez que muera- Salio disparado de la oficina a la calle, se tambaleo por los pasillos y escaleras pero de alguna manera llego al mundo exterior, camino hacia el estacionamiento donde guardaba su Camaro y lo monto, hizo rugir el motor y salio volando hacia el registro civil de la ciudad. Ya una vez ahí se estaciono en el primer lugar que encontró y quito a todo aquel que le cortara el paso, buscando gente conocida, lo que fuera, pero fue vagando que termino por llegar al lugar donde parecía que se efectuaría la boda y justo a tiempo. Un grupo de personas observaba a dos personas paradas frente al frente, tomados de la mano. -Oh mierda, el puto de Porfirio no mentía-

-Navarro, no eres bienvenido aquí- Un hombre se acerco rápidamente a Navarro, vestido con su atuendo de forajido del oeste que chocaba con la modernidad en una pésima combinación que le hacia ver como una caja fuerte, no existía combinación real en lo que traía puesto. Su vestimenta consistía de un sombrero vaquero, zarape, pantalones de mezclilla, botas negras de trabajador industrial y una camiseta de manga larga blanca, se le atravesó en el camino y debajo de su zarape produjo una pistola nueve milímetros que quedaba unicamente a su vista. -Alejate-

-No me importa, creo que me merezco estar aquí y ver esto-

-Lo único que te mereces es una putiza y un viaje directo sin regreso al infierno. Te lo advierto, se que vienes a causar problemas y tengo ordenes de no dejar a nadie pisar aquí al menos que fuese invitado-

-Yo fui invitado-

-Lo dudo mucho, Félix nunca te ha tenido en su mejor estima-

-Félix es mi mejor amigo, dejame pasar maldito Ingles mamón o juro que te quiebro en dos- Esa ultima linea fue escuchada hasta el fondo del registro, en donde se encontraba la pareja esperando, y por inercia Félix miro hacia atrás y vio a Navarro hablando con el Indio.

-¿Navarro, que haces aquí?-

-Ya se va- Respondió el Indio

-No, no me voy. Debo estar aquí, hoy debo estar aquí, mi deber es estar aquí-

-No recuerdo haberte invitado, ¿como te enteraste?-

-Eso es lo de menos, lo único que quiero es estar aquí sentado viendo esto y... y... no se, sentirme bien-

-¿Sentirte bien?-

-Creo que si alguien se merece ser feliz eres tu, Félix, no creo que conozca a otra persona que se lo merezca mas que tu-

-¿Estas pedo otra vez o fumaste algo?-

-No se... puede que si, pero no es el alcohol hablando, soy yo, el único Scott Navarro, el que nunca se fue, el mejor de su generación, el único que tenia futuro-

-Hasta que te echaste a perder-

-No fue mi culpa...- Félix estaba apunto de decir algo cuando Navarro lo interrumpió con un suspiro y una ráfaga rápida. -No, no, ya se lo que vas a decir, este pendejo que me va a decir a mi, y tienes razón, y si, si es mi culpa, pero eso ya paso, no puedo hacer nada por ello, y lo único que me queda es remediarlo-

-¿Y como planeas hacer eso?-

-Estar aquí y convivir contigo, la única persona que realmente me queda después de todo lo que ha pasado, creo que es lo único que puedo hacer por el momento hasta que encuentre exactamente que se supone que deba hacer con mi vida-

-Lo permitiré, Chris, dejalo ser-

-¿Que?- El Indio miro a su jefe y después a Navarro. -¿Dejarlo aquí, después de todo lo que ha pasado, se le puso blando de pronto el corazón, jefe?-

-Dejalo ser, suficientes problemas tiene ya como para que le echemos mas en cara lo que ya sabe. Que tome asiento, se que no sera molestia-

-Claro- Respondió Navarro y tomo asiento hasta atrás. -Claro que si- Murmuro y se quedo en silencio.

-Enfrente- Félix apunto a una silla vaciá al frente y todos le observaron, después a Navarro y comenzaron a murmurar entre ellos.

-¿Seguro?-

-Claro-

-¿Esta seguro?-

-Si-

-¿Si?-

-Carajo, muévete y planta tu culo aquí enfrente, no te voy a rogar tampoco- Al recibir esta orden Navarro se movió de inmediato a la posición que le mencionaron y se acomodo en la silla.

El matrimonio por el civil fue breve, mas breve de lo que esperaba, pero durante ese tiempo Navarro tuvo tiempo para reflexionar algunas cosas y concluyo tres puntos importantes.

Primero, esto no debía de haber pasado, la boda, era algo que no se esperaba, algo había detrás de eso pero sorprendentemente no le incomodaba, cuales fueran los motivos detrás de ella le importaban poco pero si le dejaban pensando en los otros dos; segundo, estaba a punto de cumplir treinta y seis, la juventud se le había escapado como si nada, ese terrible tres seguidos por la otra seria de números le alarmaba y pensar que pronto venia un cuatro era mucho peor, necesitaba hacer algo al respecto y renovarse, cambiar su imagen urgentemente y dejar de lado su vida maltrecha; tres, era tiempo de comenzar a ejercer como abogado y dejar el juego peligroso atrás, tiempo de volverse honesto o tan honesto como le fuera posible, tiempo de ver la luz.

Navarro se quito los lentes y observo a sus alrededores, parecía como si todo lo viese con nuevos ojos, todo era diferente a como el lo concebía hasta ese momento. Cuando se anuncio el marido y mujer todos aplaudieron y Navarro se apresuro a felicitarlos, dejando su firma como testigo y algo de dinero a los recién casados para después salir disparado de ahí hacia su oficina en donde encontró al cráneo en el piso, sin su distintivo bigote o su mirada penetrante, era un simple cráneo que el tiempo había desgastado y que parecía estar apunto de deshacerse.


Lo único que se le ocurrió en ese momento, y sin saber por que, fue el destruir aquel horroroso objeto de un pisotón y una vez hecho se quedo sentado en su silla, pensando.

Monday, June 4, 2012

El Cráneo y Navarro


“Despierta, horrendo mentecato” Scott Navarro escucho a lo lejos, existía solo oscuridad en ese momento, algo de confusión pero principalmente oscuridad y un sentido latente de dolor que iba incrementando cada segundo, lentamente las acciones motrices regresaron, la memoria, su vista, la cual lentamente se centraba sobre su escritorio, y el vomito que había dejado sobre este y un cráneo humano, del cual desconocía su origen o propósito en su oficina.

“Bregh…” Fue lo único que Navarro pudo producir. La voz resonó potentemente casi sobre su oído derecho.

“¡Mira nada mas, una basura, que caray!” Lentamente la mirada se fue fijando sobre la oficina sin poder encontrar la fuente de la voz que continuaba regañándole, vencido decidió recargarse sobre la silla y concentrar su atención en un pedazo de vidrio que sobresalía de su brazo derecho y el torrencial de sangre que había bañado a este.

“Otro para la colección”

“¿Otro? ¡Que descaro, verdad de Dios con usted!” El pedazo salió de manera rápida y lo tiro hacia una esquina donde tenía basura de todo tipo, desde pedazos de comida, botellas hasta algunos casquillos y lo que parecían ser dientes. “Una pocilga esto, nunca en mis tantos años me había encontrado en tanta desgracia yo”

“¿Quién carajos habla?” Analizando el cuarto nuevamente este no encontró nada más que el poco inmobiliario que tenía en esta oficina, la basura, algo de ropa y lo que se encontraba sobre el escritorio de lo cual sobresalía aquel peculiar cráneo. “¿Esto es algo como el ser o no ser?”

“No, esto es algo como el que tu eres un papanatas y yo no merezco este trato, ¡fui muy importante en mi época sabes!” Al acercar la mano hacia el cráneo la voz comando. “¡NO me toques, es la primera y última vez que te lo digo!”

“Un cráneo que habla… que original…”

“No, estúpido, yo no soy un cráneo, soy el General”

“¿General, que general?”

“¿Cómo que que general, que es eso, soy el único General del que alguien podría estar interesado en hablar, tu… tu… malvada y flagrante bestia ignorante e inútil, incompetente, inservible y todas las frases que comiencen con ‘i, ene’ que se me puedan ocurrir y se le olvidan a esta pobre mente!” La voz parecía desgastarse al hablar como si se le acabara el aire pero principalmente la paciencia. Navarro rápidamente saco su pistola y la apunto al cráneo. “¿Tan cobarde es que le duelen unas simples palabras, que obvio es usted!”

“¡Muérete mierda, muerte, MUERE, PUDRETE EN EL INFIERNO DEL QUE VENGAS!”

“Primero tu, bestia, porque con ese lenguaje no llegas a ningún lado, ni al infierno mismo por que no te lo mereces como se lo merecieron aquellos perros de Villa y Zapata”

“NO ME IMPORTA-- Ah cabron… ¿momento, que dijo?”

“Escúcheme bien, estropajo deshilachado, que yo soy el único que puso orden a esta nación por más de treinta años y a mí me terminan pintando como al malo, a mí, al General Porfirio Díaz Morí, que caray hombre”

“Debo dejar de meterme tantas chingaderas… un cráneo me habla y dice ser Porfirio Díaz”

“¡Y a mí me habla un simio, quien debería estar más sorprendido aquí, usted o yo?”

“Mira pedazo de mierda—”

“Háblame de tu y con respeto, zopenco, que el hecho de que puedas estar parado aquí, hoy, es gracias a mi”

“Bien, seas lo que seas no puedes existir y si existes no queda nada más que hacerte alguna clase de exorcismo y destruirte, tal vez tirarte por el escusado”

“¡A mí no me tiras por ningún lado, y mucho menos me vas a exorcizar, muchachito, que el único que lo necesita aquí eres tú y de paso una buena lavada!”

“Si, es lo que ocupo, un regaderazo con agua fría y todo esto se borra… solo espero que mi regadera no me hable ni que se aparezca el chivo infernal” Navarro tembló instintivamente y observo hacia todos lados de manera paranoica como si estuviera buscando a alguien.

“Lo que usted ocupa es regresarme a mis aposentos que yo me encontraba perfectamente bien hasta que se le ocurrió transgredir en mi tumba y traerme hasta aquí, peor fue el viaje que me hizo pasar con usted por toda Francia y España”

“¿Francia y España?”

“Si hombre, usted se ve que es algo despistado con eso de la geografía por lo tanto déjeme le explico que paso—“

“No, no, no, no quiero saber nada de eso, no quiero ni siquiera SABER por que estaba en Francia o España, no recuerdo haber tomado un avión”

“Si me dejara de interrumpir le podría explicar mas al respecto aunque me intriga saber más acerca de dicho avión”

“A mí me intriga mas saber cuánto tiempo he estado así, cuantos meses han pasado… serian esos hongos y el acido que me metí en el rave o a lo mejor los pericazos… fuck

“¿Acido, rave, pericazos, bueno y este lenguaje tan moderno que le pasa ahora y como esta eso de que ahora también en Ingles?”

“Viejo, estamos en la frontera norte del país”

“¡Viejo su abuelo!” Navarro suspiro, se paso las manos por el rostro y paso a lavárselo con el contenido de una botella de plástico. “Pero me intriga esto, los territorios del norte no eran nada cuando yo estuve en mi mandato”

“El norte rifa, abuelo, y eso le debería quedar bien claro”

“¿Rifa, explíquese!”

“Esta chido, esta cool, esta chingon, está BIEN”

“¡Tantas palabras nuevas y horribles, pobre lengua de Castilla que te han hecho!”

“Ya son como cien años desde que dio el estirón, todo ha cambiado”

“Tan feo todo, tan horrible ha de ser, verdad de Dios que este no es el país que yo deje”

“Eso lo damos los dos por hecho, se cuida y se la lava que yo me voy”

“¿Cómo que me la lavo, muchacho insolente!” El portazo dejo en silencio al cráneo el cual se quedo sentado sobre el escritorio sin hacer nada ni mucho menos decir una sola palabra.

Saturday, January 21, 2012

Historias Cortas: Scott Navarro


En unos apartamentos moribundos de décadas pasadas baila una figura, sucia, mal vestida y emanando un olor a baño público, entre uno de los pasillos malolientes del tercer piso. La figura, con aspecto lúgubre y los ojos algo perdidos, divaga lentamente hasta llegar a una de las puertas y se detiene calmadamente frente a ella tratando de no causar ruido.

-309- Pensó la figura y se quedo estático sin hacer absolutamente nada, tan estático como podía ya que sentía como si el piso se le moviera, y trato de escuchar hacia el interior del apartamento donde sonaba el suave crujido de pies sobre madera vieja. -¿Tumbo de una patada la puerta como clásico hombre de acción o derribo la perilla de un balazo?-

Sin mucho pensar la figura produjo un revolver de su chamarra y de un balazo destrozo buena parte de la perilla pero esta no cedió cuando la empujo levemente.

-Odio las pinches puertas- En un impulso de furia pateo la puerta tal cual hombre de acción, entro de golpe al apartamento y soltó uno, dos, tres tiros a la primera figura que vio moverse la cual cayo de golpe al piso sin gritar ni hacer mas faramalla. No sabía si realmente le había dado a lo que le tenía que disparar pero por ello se acerco lentamente a lo que parecía ser una sala y vio una figura ensangrentada en el piso la cual jadeaba y escupía sangre de la boca y de sus perforaciones en el tórax. –Nuevamente, otra víctima más de la inseguridad y el crimen organizado en la ciudad-

La figura dijo al hombre moribundo y guardo su revólver para después examinar la figura con más detalle y encontrar una irregularidad. De inmediato saco una foto que tenía en su cartera y la comparo con su víctima para guardarla y hacer un gesto de complacimiento.

-¿Tiene alcohol?- La víctima no le respondió a lo cual la figura simplemente se encogió de hombros y suspiro. –Si claro, me estoy ahogando y me hago el que no puedo responder-

La figura comenzó a buscar por la casa alguna clase de alcohol y después de una corta búsqueda encontró lo que parecía ser una botella de whiskey a medio tomar de la cual ingirió un poco. –Triste es su caso por no ser la persona responsable a la cual me mandaron a visitar. Mil disculpas por la molestia y gracias por el whiskey-

Con gran descaro abandono la habitación y el apartamento pero no sin antes checar la puerta que había derrumbado y darse cuenta que el número nueve que aparecía era realmente un seis que se había caído. Lo que causa perder un tornillo… alguien debería arreglar eso o podría pasar algo grave, pensó y continúo su viaje por el pasillo hasta encontrar el número correcto. Antes de continuar su travesía se pregunto si debería ingerir el contenido de la botella o usarla de bomba molotov para quemar a su víctima una vez que le rompiera las piernas… ¿Qué locura estaba pensando, quien en su sano juicio desperdiciaría una buena botella de whiskey por tratar de quemar a alguien vivo con ella? Mejor usaba gasolina o simplemente le rompía las piernas y lo dejaba morir en algún basurero de la ciudad que igual nadie le iba a encontrar después de que acabaran con él. Decidida la acción termino con el contenido de la botella de golpe y la dejo caer de golpe, tomo su revólver, acciono el martillo del arma y disparo contra la perilla… o eso iba a hacer hasta que por alguna iluminación divina se le ocurrió checar si la puerta había sido cerrada con seguro o no y como por arte de magia esta se abrió de par en par como si nada.

-¿Bueno que clase de persona deja abierta su puerta con tanto loco por aquí? – La figura se quedo pensando al respecto pero fue interrumpido cuando escucho a alguien corriendo adentro del apartamento y la visita de dos balas que atravesaron la puerta y casi le vuelan la cabeza. Este simplemente abrió la puerta y tiro dos veces contra su enemigo que no podía ver y de ahí escucho el sonido de una ventana abriéndose, al instante la figura abrió la puerta y vio como su objetivo se escapaba dando un brinco por la ventana sin ser alcanzado por una bala adicional que disparo nuestro amigo. Al correr hacia la ventana se percato que, en efecto, estaban a tres pisos de altura y que la víctima había caído en un callejón detrás de los edificios y de paso sufrido una fractura tan grave en las piernas que se encontraba agonizando tratando de arrastrarse hacia la calle pidiendo ayuda.

-Me caga la pinche gente loca que se tira por las ventanas y pide ayuda- Dijo la figura al recordar que su arma solo cargaba seis balas y que no había traído mas por ser barato y creer que con eso le bastaba para terminar la tarea. Este nuevamente salió al pasillo y volteo hacia las escaleras mientras gruñía –Me caga subir y bajar escaleras-

Sin más remedio se dirigió a su carro que se encontraba afuera del edificio, una carroza-tanque-crucero de batalla de hacia al menos unos cuarenta años pero que no llamaba la atención por el mal estado en el cual se encontraban el exterior e interior del vehículo. De la cajuela saco tres cosas; un contenedor metálico donde traía gasolina, unos cerillos y una cajetilla de cigarros de la cual retiro uno y lo encendió para después emprender el viaje, sin cerrar la cajuela por esto debía ser rápido, hacia su víctima la cual seguir agonizando en el callejón gritando por ayuda y ahora con más fuerza al ver a la figura tan espeluznante.

-¡Navarro, aléjate de mí!- Grito la victima la cual se cubría así mismo con su mano derecha como si el hecho de esconder al hombre de su vista lo iba a realmente alejar de ahí. La figura en ese momento recordó que así se llamaba, o según así le decían, y dándole poca importancia se aproximo al hombre mientras se sumía en su cabeza el hecho de que un criminal le había reconocido y eso no era bueno para el negocio, especialmente en este negocio.

-No te muevas y todo acaba pronto- Navarro se detuvo cerca de la victima la cual seguía tratando de alejarse en agonía y para que se dejara de mover le piso una pierna con lo cual el dolor aumento a un mil por ciento y los gritos peor.

-¡Navarro estás enfermo, me quieres quemar vivo!-

-Dos cosas, la primera es que me encuentro perfectamente de mi salud pero gracias por preocuparte- Navarro inhalo un poco de su cigarro y dejo salir el humo. –Segunda, yo no soy el enfermo que se quiere tirar de un tercer piso para evitar que me den un balazo. Esto pudo haber terminado rápido pero no, te tenías que tirar del tercer piso, romperte las piernas lo cual es un gusto del cual me privaste y todavía te quejas por que te quiero matar, eres un objetivo muy malo. ¡Eres el peor objetivo que he tenido!-

-Preferí tirarme de la ventana porque eres un enfermo y me advirtieron de lo que podías hacerme-

-¡Sorpresa! Se te ocurre tirarte de un tercer piso con intenciones de morir en el intento y no lo logras y ahora aquí me tienes enfrente de ti con menores posibilidades de defenderte, ni siquiera sabes donde quedo tu pistola- Navarro saco su revólver y se lo puso en las manos a su víctima –Mira, toma, dispárame y eso te hará sentir seguro-

Por intuición la victima jalo el gatillo pero el arma hizo un temible clic. Navarro simplemente empezó a reírse como un maniaco al ver la cara de horror de su víctima cual le tiro el revólver de vuelta, eso le gano un golpe con el contenedor de metal en la cara el cual le rompió la nariz, el labio superior y le tumbo dos dientes de enfrente mientras que la boca y la nariz se adornaban de sangre.

-Eso te lo ganas por andar de chistoso- Navarro recogió su revólver y lo guardo dentro de la chamarra nuevamente.

-Pinche enfermo…- Sangre y más sangre decoraban la camisa de la pobre victima que ya no sabía si en efecto haber brincado era la mejor idea de todas.

-Pudiste haber tomado una o dos balas en la cara, no duelen tanto como crees, y ahí se hubiera terminado toda esta aventura- Navarro tiro su cigarro el cual se le había terminado por no prestarle atención y abrió el contenedor. –Mira, tengo prisa y la verdad tengo muchas cosas que hacer por lo tanto o me das una buena razón para dejarte ir con vida o te quemo vivo por que esas revistas me están esperando para unas puñetas-
-¿Me quebré las piernas, me quebraste la nariz y los dientes y ahora dices que me vas a dejar libre? ¡No te creo Navarro, ya deja de jugar tus juegos cínicos y acaba lo que empezaste!-

-¿Tan pronto nos rendimos? Bueno si así lo quieres entonces venga- Navarro roció a su víctima con gasolina y después de prenderse un cigarro le tiro el cerillo pero este se apago antes de llegar a su víctima. –Tienes suerte para que las cosas te salgan mal, te doy merito-

La idea de prender otro cerillo ya estaba cimentada en su cabeza cuando escucho leves pasos viniendo del otro lado del callejón y apareció la figura tenue de un vagabundo el cual se tambaleaba hacia su dirección.

-Eh… deme un cigarro…- Dijo la figura entrecortada entre hipo con una voz que sonaba a la de alguien que bebía alcohol con un porcentaje mas allá del punto legal, hedía a cañería, a alcohol, a prostíbulo, a una taberna de mala muerte. Navarro le vio con una sonrisa cínica y tiro un cigarro junto con la caja de cerillos sobre su víctima mientras se alejaba de este mismo y el vagabundo. De inmediato al ver la acción el vagabundo se abalanzo sobre el cigarro y tomo la caja de cerillos para prenderlo mientras la victima de Navarro le gritaba que no lo hiciera, lo que vino a continuación fue una llamarada enorme seguida por gritos infernales de la victima empapada y del vagabundo vestido con harapos el cual rápidamente, mucho más que el hombre ya caído, fue consumido por las llamas.

-Que pendejo…- Navarro soltó una pequeña carcajada pero su felicidad duro poco al sentir una presencia detrás de él. Lentamente volteo para ver que había una espesa neblina detrás de él y una figura que no podía reconocer pero sabía que algo habitaba dentro de ella.

-Navarro- Dijo una voz gutural, infernal, inhumana. Al voltear se topo con una clase de mitad hombre, mitad cabra, de tres rostros, uno de cada lado formando ambos un rostro al medio, ojos rojos brillantes como rubíes, cuernos retorcidos, una flama encima de su cabeza, un ala quebrada de color blanco y otra oscura que parecía la de un cuervo, Navarro la había relacionado con la figura de Bafomet; desafortunadamente no era la primera vez que la veía.

-¿Hombre cabra que quieres ahora?-

La figura inhumana se quedo en silencio, observándole con una mirada penetrante y antes de que pudiera preguntar nuevamente esta volvió a hablar.

-El infierno te espera- Le apunto con su dedo índice derecho, cadavérico y largo.

-No gracias, diles que no me reserven una mesa, aparte me dijo mi agente de viajes que sale muy caro ir al infierno en este temporada…-

-Tu tiempo ya llega- Un gruñido salió de la figura y Navarro instintivamente tembló aunque no estaba seguro si era por terror o por que el efecto de alguna droga estuviera ya pasando.

-No gracias, prefiero pudrirme primero a seguir a una cabra- Navarro saco el revólver y jalo un par de veces el gatillo pero no sucedió nada, se había olvidado del hecho que no cargaba con mas municiones y que el cilindro solo tenía para seis rondas. –Me caga tener que enfrentar a cabras infernales y me caga quedarme sin balas, para la próxima debo cargar con mas balas-

-Te queda poco tiempo Navarro, tu fin esta cerca- La cabra produjo una risa infernal hueca y sus ojos rojos brillaron hasta cegar a Navarro el cual después de parpadear no encontró ni niebla ni cabra, simplemente su víctima y el vagabundo los cuales ya estaban medio chamuscados y el sonido de patrullas alrededor.
-No vuelvo a tomar limpiador de vidrios- Sin más que agregar nuestro amigo saco otro cigarro, por costumbre, lo prendió y se dirigió a su carro para después navegar por el laberinto que eran las calles del centro de la ciudad buscando un bar, de los muchos que tenia marcados en un mapa que tenía en la guantera, del cual no hubiera sido vetado por abusar de su crédito.

The Atlantean Thrones and the Valve

I can’t sleep, again. I see them all over me, figures that look like demons, human with horns of all kinds, twisted and spiraling in differ...