El
árbol de la vida invoca una vez más al hombre y a la mujer, que dejan sus
nombres grabados sobre su cuerpo, en comunión sagrada de amor, lealtad y
perseverancia. Pocos creen en su dictamen pero aquellos, algunos dicen que con
suerte y otros dicen que hechos el uno para el otro, que lo siguen son los que
logran llevar una bella vida hasta el fin de sus días.
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