En un vasto desierto
donde no se ve ni una sola gota de agua, donde no hay nada mas que el
árido sentimiento de soledad que produce el vislumbrar de la nada.
Esta un hombre, observando desde el tope de una colina, después de
una larga caminata, hacia un valle hondo y con sorpresa y asombro
suspira al ver la infinidad de escuadras y compases monolíticas,
algunas completas, otras quebradas y una que otra acomodada de tal
manera que producían suficiente sombra como para vivir debajo de
ellas durante todo el día. Estas enormes figuras adornan este
paisaje donde no existe ni hay nada mas que el ser.
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