Al
abrir los ojos se dio cuenta que el cielo estaba pintado carmesí, a
su lado tenia un caballo muerto, se sentía pleno, completo, pero a
la vez no se sentía en plena realidad. Se escuchaban truenos a la
distancia, gritos a lo lejos y el continuo tamborileo de gotas
pesadas cayendo sobre pasto a toda velocidad.
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