Saturday, January 21, 2012

Historias Cortas: Scott Navarro


En unos apartamentos moribundos de décadas pasadas baila una figura, sucia, mal vestida y emanando un olor a baño público, entre uno de los pasillos malolientes del tercer piso. La figura, con aspecto lúgubre y los ojos algo perdidos, divaga lentamente hasta llegar a una de las puertas y se detiene calmadamente frente a ella tratando de no causar ruido.

-309- Pensó la figura y se quedo estático sin hacer absolutamente nada, tan estático como podía ya que sentía como si el piso se le moviera, y trato de escuchar hacia el interior del apartamento donde sonaba el suave crujido de pies sobre madera vieja. -¿Tumbo de una patada la puerta como clásico hombre de acción o derribo la perilla de un balazo?-

Sin mucho pensar la figura produjo un revolver de su chamarra y de un balazo destrozo buena parte de la perilla pero esta no cedió cuando la empujo levemente.

-Odio las pinches puertas- En un impulso de furia pateo la puerta tal cual hombre de acción, entro de golpe al apartamento y soltó uno, dos, tres tiros a la primera figura que vio moverse la cual cayo de golpe al piso sin gritar ni hacer mas faramalla. No sabía si realmente le había dado a lo que le tenía que disparar pero por ello se acerco lentamente a lo que parecía ser una sala y vio una figura ensangrentada en el piso la cual jadeaba y escupía sangre de la boca y de sus perforaciones en el tórax. –Nuevamente, otra víctima más de la inseguridad y el crimen organizado en la ciudad-

La figura dijo al hombre moribundo y guardo su revólver para después examinar la figura con más detalle y encontrar una irregularidad. De inmediato saco una foto que tenía en su cartera y la comparo con su víctima para guardarla y hacer un gesto de complacimiento.

-¿Tiene alcohol?- La víctima no le respondió a lo cual la figura simplemente se encogió de hombros y suspiro. –Si claro, me estoy ahogando y me hago el que no puedo responder-

La figura comenzó a buscar por la casa alguna clase de alcohol y después de una corta búsqueda encontró lo que parecía ser una botella de whiskey a medio tomar de la cual ingirió un poco. –Triste es su caso por no ser la persona responsable a la cual me mandaron a visitar. Mil disculpas por la molestia y gracias por el whiskey-

Con gran descaro abandono la habitación y el apartamento pero no sin antes checar la puerta que había derrumbado y darse cuenta que el número nueve que aparecía era realmente un seis que se había caído. Lo que causa perder un tornillo… alguien debería arreglar eso o podría pasar algo grave, pensó y continúo su viaje por el pasillo hasta encontrar el número correcto. Antes de continuar su travesía se pregunto si debería ingerir el contenido de la botella o usarla de bomba molotov para quemar a su víctima una vez que le rompiera las piernas… ¿Qué locura estaba pensando, quien en su sano juicio desperdiciaría una buena botella de whiskey por tratar de quemar a alguien vivo con ella? Mejor usaba gasolina o simplemente le rompía las piernas y lo dejaba morir en algún basurero de la ciudad que igual nadie le iba a encontrar después de que acabaran con él. Decidida la acción termino con el contenido de la botella de golpe y la dejo caer de golpe, tomo su revólver, acciono el martillo del arma y disparo contra la perilla… o eso iba a hacer hasta que por alguna iluminación divina se le ocurrió checar si la puerta había sido cerrada con seguro o no y como por arte de magia esta se abrió de par en par como si nada.

-¿Bueno que clase de persona deja abierta su puerta con tanto loco por aquí? – La figura se quedo pensando al respecto pero fue interrumpido cuando escucho a alguien corriendo adentro del apartamento y la visita de dos balas que atravesaron la puerta y casi le vuelan la cabeza. Este simplemente abrió la puerta y tiro dos veces contra su enemigo que no podía ver y de ahí escucho el sonido de una ventana abriéndose, al instante la figura abrió la puerta y vio como su objetivo se escapaba dando un brinco por la ventana sin ser alcanzado por una bala adicional que disparo nuestro amigo. Al correr hacia la ventana se percato que, en efecto, estaban a tres pisos de altura y que la víctima había caído en un callejón detrás de los edificios y de paso sufrido una fractura tan grave en las piernas que se encontraba agonizando tratando de arrastrarse hacia la calle pidiendo ayuda.

-Me caga la pinche gente loca que se tira por las ventanas y pide ayuda- Dijo la figura al recordar que su arma solo cargaba seis balas y que no había traído mas por ser barato y creer que con eso le bastaba para terminar la tarea. Este nuevamente salió al pasillo y volteo hacia las escaleras mientras gruñía –Me caga subir y bajar escaleras-

Sin más remedio se dirigió a su carro que se encontraba afuera del edificio, una carroza-tanque-crucero de batalla de hacia al menos unos cuarenta años pero que no llamaba la atención por el mal estado en el cual se encontraban el exterior e interior del vehículo. De la cajuela saco tres cosas; un contenedor metálico donde traía gasolina, unos cerillos y una cajetilla de cigarros de la cual retiro uno y lo encendió para después emprender el viaje, sin cerrar la cajuela por esto debía ser rápido, hacia su víctima la cual seguir agonizando en el callejón gritando por ayuda y ahora con más fuerza al ver a la figura tan espeluznante.

-¡Navarro, aléjate de mí!- Grito la victima la cual se cubría así mismo con su mano derecha como si el hecho de esconder al hombre de su vista lo iba a realmente alejar de ahí. La figura en ese momento recordó que así se llamaba, o según así le decían, y dándole poca importancia se aproximo al hombre mientras se sumía en su cabeza el hecho de que un criminal le había reconocido y eso no era bueno para el negocio, especialmente en este negocio.

-No te muevas y todo acaba pronto- Navarro se detuvo cerca de la victima la cual seguía tratando de alejarse en agonía y para que se dejara de mover le piso una pierna con lo cual el dolor aumento a un mil por ciento y los gritos peor.

-¡Navarro estás enfermo, me quieres quemar vivo!-

-Dos cosas, la primera es que me encuentro perfectamente de mi salud pero gracias por preocuparte- Navarro inhalo un poco de su cigarro y dejo salir el humo. –Segunda, yo no soy el enfermo que se quiere tirar de un tercer piso para evitar que me den un balazo. Esto pudo haber terminado rápido pero no, te tenías que tirar del tercer piso, romperte las piernas lo cual es un gusto del cual me privaste y todavía te quejas por que te quiero matar, eres un objetivo muy malo. ¡Eres el peor objetivo que he tenido!-

-Preferí tirarme de la ventana porque eres un enfermo y me advirtieron de lo que podías hacerme-

-¡Sorpresa! Se te ocurre tirarte de un tercer piso con intenciones de morir en el intento y no lo logras y ahora aquí me tienes enfrente de ti con menores posibilidades de defenderte, ni siquiera sabes donde quedo tu pistola- Navarro saco su revólver y se lo puso en las manos a su víctima –Mira, toma, dispárame y eso te hará sentir seguro-

Por intuición la victima jalo el gatillo pero el arma hizo un temible clic. Navarro simplemente empezó a reírse como un maniaco al ver la cara de horror de su víctima cual le tiro el revólver de vuelta, eso le gano un golpe con el contenedor de metal en la cara el cual le rompió la nariz, el labio superior y le tumbo dos dientes de enfrente mientras que la boca y la nariz se adornaban de sangre.

-Eso te lo ganas por andar de chistoso- Navarro recogió su revólver y lo guardo dentro de la chamarra nuevamente.

-Pinche enfermo…- Sangre y más sangre decoraban la camisa de la pobre victima que ya no sabía si en efecto haber brincado era la mejor idea de todas.

-Pudiste haber tomado una o dos balas en la cara, no duelen tanto como crees, y ahí se hubiera terminado toda esta aventura- Navarro tiro su cigarro el cual se le había terminado por no prestarle atención y abrió el contenedor. –Mira, tengo prisa y la verdad tengo muchas cosas que hacer por lo tanto o me das una buena razón para dejarte ir con vida o te quemo vivo por que esas revistas me están esperando para unas puñetas-
-¿Me quebré las piernas, me quebraste la nariz y los dientes y ahora dices que me vas a dejar libre? ¡No te creo Navarro, ya deja de jugar tus juegos cínicos y acaba lo que empezaste!-

-¿Tan pronto nos rendimos? Bueno si así lo quieres entonces venga- Navarro roció a su víctima con gasolina y después de prenderse un cigarro le tiro el cerillo pero este se apago antes de llegar a su víctima. –Tienes suerte para que las cosas te salgan mal, te doy merito-

La idea de prender otro cerillo ya estaba cimentada en su cabeza cuando escucho leves pasos viniendo del otro lado del callejón y apareció la figura tenue de un vagabundo el cual se tambaleaba hacia su dirección.

-Eh… deme un cigarro…- Dijo la figura entrecortada entre hipo con una voz que sonaba a la de alguien que bebía alcohol con un porcentaje mas allá del punto legal, hedía a cañería, a alcohol, a prostíbulo, a una taberna de mala muerte. Navarro le vio con una sonrisa cínica y tiro un cigarro junto con la caja de cerillos sobre su víctima mientras se alejaba de este mismo y el vagabundo. De inmediato al ver la acción el vagabundo se abalanzo sobre el cigarro y tomo la caja de cerillos para prenderlo mientras la victima de Navarro le gritaba que no lo hiciera, lo que vino a continuación fue una llamarada enorme seguida por gritos infernales de la victima empapada y del vagabundo vestido con harapos el cual rápidamente, mucho más que el hombre ya caído, fue consumido por las llamas.

-Que pendejo…- Navarro soltó una pequeña carcajada pero su felicidad duro poco al sentir una presencia detrás de él. Lentamente volteo para ver que había una espesa neblina detrás de él y una figura que no podía reconocer pero sabía que algo habitaba dentro de ella.

-Navarro- Dijo una voz gutural, infernal, inhumana. Al voltear se topo con una clase de mitad hombre, mitad cabra, de tres rostros, uno de cada lado formando ambos un rostro al medio, ojos rojos brillantes como rubíes, cuernos retorcidos, una flama encima de su cabeza, un ala quebrada de color blanco y otra oscura que parecía la de un cuervo, Navarro la había relacionado con la figura de Bafomet; desafortunadamente no era la primera vez que la veía.

-¿Hombre cabra que quieres ahora?-

La figura inhumana se quedo en silencio, observándole con una mirada penetrante y antes de que pudiera preguntar nuevamente esta volvió a hablar.

-El infierno te espera- Le apunto con su dedo índice derecho, cadavérico y largo.

-No gracias, diles que no me reserven una mesa, aparte me dijo mi agente de viajes que sale muy caro ir al infierno en este temporada…-

-Tu tiempo ya llega- Un gruñido salió de la figura y Navarro instintivamente tembló aunque no estaba seguro si era por terror o por que el efecto de alguna droga estuviera ya pasando.

-No gracias, prefiero pudrirme primero a seguir a una cabra- Navarro saco el revólver y jalo un par de veces el gatillo pero no sucedió nada, se había olvidado del hecho que no cargaba con mas municiones y que el cilindro solo tenía para seis rondas. –Me caga tener que enfrentar a cabras infernales y me caga quedarme sin balas, para la próxima debo cargar con mas balas-

-Te queda poco tiempo Navarro, tu fin esta cerca- La cabra produjo una risa infernal hueca y sus ojos rojos brillaron hasta cegar a Navarro el cual después de parpadear no encontró ni niebla ni cabra, simplemente su víctima y el vagabundo los cuales ya estaban medio chamuscados y el sonido de patrullas alrededor.
-No vuelvo a tomar limpiador de vidrios- Sin más que agregar nuestro amigo saco otro cigarro, por costumbre, lo prendió y se dirigió a su carro para después navegar por el laberinto que eran las calles del centro de la ciudad buscando un bar, de los muchos que tenia marcados en un mapa que tenía en la guantera, del cual no hubiera sido vetado por abusar de su crédito.

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