Siento
pena por los Presidentes, Reyes y Dioses que creen que su dedo y derecho
sagrado los hace inmortales e intocables, lo que no saben es que son más débiles
que nosotros y nos hemos dado cuenta de ello, nuestra unión sagrada, la del
pueblo, se vuelve en un gran puño la cual demuestra y quiebra aquel dedo divino
el cual ya no es capaz de hacer nada, incluso estando este en el gatillo listo
para disparar.
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