Estas
frente a un rombo. Parpadeas. Un campo gris donde el sol no llega y la tierra
es casi negra. Parpadeas. Tu imagen frente a un cristal ahumado donde se
refleja una vaga imagen de alguien, una figura que desconoces. Parpadeas. Tus
manos recubiertas de material pesado las cuales sostienen un arma larga, un
rifle de asalto, con prisma rojo como los ojos de un toro enardecido.
Parpadeas. Un campo verde lleno de paz y tranquilidad, alivio al corazón, un
peso que de pronto desaparece. Parpadeas. Un puño volando a toda velocidad.
Parpadeas. Una botella casi vacía, latas de cerveza, colillas y cenizas.
Parpadeas. Truenos, la furia de Dios cayendo por todos lados, sin piedad, sin
tomar juicio en color o creencia, una venganza divina. Parpadeas. La cama blanca,
sucia de líquidos propios del hombre y rara vez extraños a él. Parpadeas. Un
mundo de gente y de pronto, pánico. Parpadeas. Manos agiles, Parpadeo. Estaño
en puños por los aires. Parpadeo. Caminando como Jesús. Parpadeo. Quejas y reclamos.
Parpadeas. Un ojo que traiciona. Parpadeo. Se encuentra el lobo estepario
acorralado. Parpadean. Un aliento universal que se congela por un segundo.
Parpadeo. El barril de un arma. Parpadeo… solo oscuridad eterna y el temor a lo
desconocido.
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