Thursday, June 13, 2013

La boda

-Navarro, despiértate desgraciado- La voz se escuchaba a lo lejos, lentamente entonándose y fijándose hasta volverse coherente y agresivamente molesta, una voz profunda y fuerte que termino por despertarla completamente de un turbio sueño o pesadilla del cual no podía escapar. -Despierta Navarro, muévete o haz algo-

Scott Navarro se había quedado dormido nuevamente en su escritorio, al menos esta vez había logrado quedarse ahí y no en el suelo o en alguna otra parte de su oficina como el baño. Sobre de aquel viejo escritorio tenia a su derecha unas botellas de alcohol barato vaciás y un monte de cenizas, colillas y cajetillas vaciás a la izquierda, el centro decorado por un peculiar cráneo con bigote largo, fino en las puntas y grueso en la base, del un color blanco contrastante con el del cráneo, que parecía observarle fijamente.

-Despiértate que todavía estas a tiempo- Repitió la voz proviniendo a el como si fuera un eco dentro del cráneo.

-¿A tiempo para que?- Contesto con debilidad Navarro y observo un reloj que tenia en la pared pero sin éxito alguno para diferencias los números. -¿Que horas son?-

-Las once de la mañana-

-Es muy temprano todavía-

-Mira, papanatas, levantate y muévete que tienes una boda a la cual debes atender-

-Boda, boda de quien; que carajos quieres Porfirio, otra vez estas delirando-

-Escuchame bien inútil, te lo dije una vez y te lo repito, que te muevas, la boda no tarda en comenzar y debes ser testigo del evento-

-Para que debo ser testigo, quien me invito, cuando, donde, como, por que-

-Se casa tu mejor amigo y tu no te acuerdas, yo si y eso que soy un cráneo en una mesa barata de madera comprimida-

-Mi mejor amigo... ¿Félix?-

-El único amigo que te queda, y yo, pero yo te odio a muerte-

-¿Con quien se casa?-

-Tu ya sabes con quien, no me deberías preguntar esto. Vete, haz algo útil de tu patética vida y corre al registro civil-

-Bah... que importa-

-Importa, al menos así haces algo con tu patética existencia y tu nombre sirve para comprobar algo mas que una cuenta larga de alcohol en algún tugurio de mala muerte y las tiendas donde compras toda esta porquería-

-¿A que hora es?-

-Te quedan cuarenta minutos aproximadamente-

-Carajo- Navarro se acomodo en su silla, peinose rápidamente y observo unos haces de luz que atravesaban por las persianas de la ventana principal. -Oh no... la puta luz, por que, mi mas mortal enemigo-

-Usa unos lentes oscuros y muévete-

-No se ni siquiera--

-Segundo cajón de la derecha, al fondo- Navarro busco en el segundo cajón de la derecha y comenzó a mover todo lo que tenia ahí dentro, papeles y basura en su mayoría, pero al fondo topo con un par de lentes oscuros que se acomodo. -Muévete pedazo de inútil-

-Voy... voy...-

-Las llaves están en el primero a la izquierda, debajo de unos sobres manila que tienen dinero- Navarro siguió nuevamente los pasos, tomo algo de dinero y las llaves de su oficina y el Camaro.

-Bien, nos vemos Porfirio-

-Espero que jamas nos volvamos a ver, todos los días espero eso-

-Me encargare de ahorcarte una vez que muera- Salio disparado de la oficina a la calle, se tambaleo por los pasillos y escaleras pero de alguna manera llego al mundo exterior, camino hacia el estacionamiento donde guardaba su Camaro y lo monto, hizo rugir el motor y salio volando hacia el registro civil de la ciudad. Ya una vez ahí se estaciono en el primer lugar que encontró y quito a todo aquel que le cortara el paso, buscando gente conocida, lo que fuera, pero fue vagando que termino por llegar al lugar donde parecía que se efectuaría la boda y justo a tiempo. Un grupo de personas observaba a dos personas paradas frente al frente, tomados de la mano. -Oh mierda, el puto de Porfirio no mentía-

-Navarro, no eres bienvenido aquí- Un hombre se acerco rápidamente a Navarro, vestido con su atuendo de forajido del oeste que chocaba con la modernidad en una pésima combinación que le hacia ver como una caja fuerte, no existía combinación real en lo que traía puesto. Su vestimenta consistía de un sombrero vaquero, zarape, pantalones de mezclilla, botas negras de trabajador industrial y una camiseta de manga larga blanca, se le atravesó en el camino y debajo de su zarape produjo una pistola nueve milímetros que quedaba unicamente a su vista. -Alejate-

-No me importa, creo que me merezco estar aquí y ver esto-

-Lo único que te mereces es una putiza y un viaje directo sin regreso al infierno. Te lo advierto, se que vienes a causar problemas y tengo ordenes de no dejar a nadie pisar aquí al menos que fuese invitado-

-Yo fui invitado-

-Lo dudo mucho, Félix nunca te ha tenido en su mejor estima-

-Félix es mi mejor amigo, dejame pasar maldito Ingles mamón o juro que te quiebro en dos- Esa ultima linea fue escuchada hasta el fondo del registro, en donde se encontraba la pareja esperando, y por inercia Félix miro hacia atrás y vio a Navarro hablando con el Indio.

-¿Navarro, que haces aquí?-

-Ya se va- Respondió el Indio

-No, no me voy. Debo estar aquí, hoy debo estar aquí, mi deber es estar aquí-

-No recuerdo haberte invitado, ¿como te enteraste?-

-Eso es lo de menos, lo único que quiero es estar aquí sentado viendo esto y... y... no se, sentirme bien-

-¿Sentirte bien?-

-Creo que si alguien se merece ser feliz eres tu, Félix, no creo que conozca a otra persona que se lo merezca mas que tu-

-¿Estas pedo otra vez o fumaste algo?-

-No se... puede que si, pero no es el alcohol hablando, soy yo, el único Scott Navarro, el que nunca se fue, el mejor de su generación, el único que tenia futuro-

-Hasta que te echaste a perder-

-No fue mi culpa...- Félix estaba apunto de decir algo cuando Navarro lo interrumpió con un suspiro y una ráfaga rápida. -No, no, ya se lo que vas a decir, este pendejo que me va a decir a mi, y tienes razón, y si, si es mi culpa, pero eso ya paso, no puedo hacer nada por ello, y lo único que me queda es remediarlo-

-¿Y como planeas hacer eso?-

-Estar aquí y convivir contigo, la única persona que realmente me queda después de todo lo que ha pasado, creo que es lo único que puedo hacer por el momento hasta que encuentre exactamente que se supone que deba hacer con mi vida-

-Lo permitiré, Chris, dejalo ser-

-¿Que?- El Indio miro a su jefe y después a Navarro. -¿Dejarlo aquí, después de todo lo que ha pasado, se le puso blando de pronto el corazón, jefe?-

-Dejalo ser, suficientes problemas tiene ya como para que le echemos mas en cara lo que ya sabe. Que tome asiento, se que no sera molestia-

-Claro- Respondió Navarro y tomo asiento hasta atrás. -Claro que si- Murmuro y se quedo en silencio.

-Enfrente- Félix apunto a una silla vaciá al frente y todos le observaron, después a Navarro y comenzaron a murmurar entre ellos.

-¿Seguro?-

-Claro-

-¿Esta seguro?-

-Si-

-¿Si?-

-Carajo, muévete y planta tu culo aquí enfrente, no te voy a rogar tampoco- Al recibir esta orden Navarro se movió de inmediato a la posición que le mencionaron y se acomodo en la silla.

El matrimonio por el civil fue breve, mas breve de lo que esperaba, pero durante ese tiempo Navarro tuvo tiempo para reflexionar algunas cosas y concluyo tres puntos importantes.

Primero, esto no debía de haber pasado, la boda, era algo que no se esperaba, algo había detrás de eso pero sorprendentemente no le incomodaba, cuales fueran los motivos detrás de ella le importaban poco pero si le dejaban pensando en los otros dos; segundo, estaba a punto de cumplir treinta y seis, la juventud se le había escapado como si nada, ese terrible tres seguidos por la otra seria de números le alarmaba y pensar que pronto venia un cuatro era mucho peor, necesitaba hacer algo al respecto y renovarse, cambiar su imagen urgentemente y dejar de lado su vida maltrecha; tres, era tiempo de comenzar a ejercer como abogado y dejar el juego peligroso atrás, tiempo de volverse honesto o tan honesto como le fuera posible, tiempo de ver la luz.

Navarro se quito los lentes y observo a sus alrededores, parecía como si todo lo viese con nuevos ojos, todo era diferente a como el lo concebía hasta ese momento. Cuando se anuncio el marido y mujer todos aplaudieron y Navarro se apresuro a felicitarlos, dejando su firma como testigo y algo de dinero a los recién casados para después salir disparado de ahí hacia su oficina en donde encontró al cráneo en el piso, sin su distintivo bigote o su mirada penetrante, era un simple cráneo que el tiempo había desgastado y que parecía estar apunto de deshacerse.


Lo único que se le ocurrió en ese momento, y sin saber por que, fue el destruir aquel horroroso objeto de un pisotón y una vez hecho se quedo sentado en su silla, pensando.

No comments:

Post a Comment

Alquimia y Marx

Dice Marx que "todo lo solido se desvanece en el aire", al menos esto lo cita Marshall Berman y lo usa para su libro del mismo no...