Thursday, August 9, 2012

L.A. 1929


Las palabras se escuchaban muy lejanas, mi pie se encontraba sumiendo el acelerador, manos atadas furiosamente al volante, nudillos blancos, brazos y piernas tensándose, mi mente volando a un millón de kilómetros por segundo sin otra cosa en mente más que aquella criatura horripilante proveniente de la casa en llamas y el auto que no se movía ni un centímetro.

Habíamos chocado contra un poste y la abominación seguía corriendo. Me quede frio.

Lo siguiente que escuche fue el tiro de una escopeta justo detrás de mí, la cual hizo el favor de darle una decoración adicional al automóvil al cual ya le habían volado la puerta y ahora la ventana trasera. Sin importancia, la criatura estaba muerta y nosotros a salvo.

-¡Vámonos de aquí!- Grito el pequeño hombre lleno de cicatrices, un sobreviviente de la gran guerra, la guerra para acabar todas las guerras. Me tomo unos segundos el poder reaccionar pero salimos con vida de ahí, menos mi fe la cual ahora salía volando por la ventana, esa cruz que me ligaba con el clero Cristiano del cual ahora ya no creía ni una sola palabra. –Lo ves muchacho, la fe no sirve de nada aquí solo las armas- Y aquel hombre corto beso su escopeta mientras se recostaba en el asiento trasero.

-Creo que este sería el mejor momento para llamar al jefe y reportarle lo que acabamos de encontrar- Menciono el bibliotecario sentado en el asiento del pasajero, un hombre dedicado a los estudios de lo oculto y el cual había encontrado unos datos bastante interesantes en aquella casa infernal.

-Creo que este es un buen momento- Pare por un segundo mientras buscaba en mis bolsillas, salió un cigarrillo y después una llama pequeña producto de un cerillo. –Para un cigarrillo-

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