Monday, August 13, 2012

El hambre


En aquella colina libre, donde ya había pasado la parte mas pesada de la batalla, quedaban dos hombres, uno de ellos el Capitán de un ejercito el cual había sido decimado y su enemigo un Señor que hacia reclamo de esas tierras por medio de la fuerza. En su lucha no se habían percatado de que se encontraban unicamente ellos pero el desgaste físico y mental ya no les dejaba ver mas allá, eran dos figuras salvajes que luchaban por su supervivencia por simple inercia.

En su desesperación el Capitán llamo a su adversario:

-¿Por que continuamos luchando?- El Capitán jadeaba desesperadamente mientras que el sudor le corría visiblemente por la frente.

-¡Estas son mis tierras!- Respondió ferozmente su adversario quien se encontraba en la misma situación que el.

-Mirad alrededor, no queda nada- El Señor no sabia si hacerlo, lenta y ligeramente miro a los lados y noto que aquellas palabras cargan un sentido no solo real sino aterrador, el termino nada era completo ya que una buena cantidad de soldados se encontraba en el suelo, posiblemente ya todos muertos, y parte de la ciudad y el bosque habían sido arrasado por las llamas de las municiones en llamas provenientes de las catapultas y flechas. -¿Vamos a continuar esto o acabarlo?-

El Capitán tiro su espada de lado y dio unos pasos al frente lo cual hizo sospechar a aquel Señor de sus acciones, fue un momento después cuando capto la idea de lo que quería realizar y tiro su espada de lado para ponerse a la par en distancia con el.

Continuaron avanzando paso a paso hasta que estuvieron frente a frente, el ambiente era un poco tenso al principio pero después de que los dos acordaron con un movimiento ligero de cabeza se dieron un apretón de mano y ambos hicieron un movimiento con la mano izquierda que impacto al contrario. Los dos se encontraron en el suelo sangrando gracias a una herida hecha en el costado derecho respectivo.

-Aunque no queda nada nos seguimos traicionando... que tristeza- Menciono el Capitán mientras trataba de presionar la herida pero su estado actual se lo impedía, demasiada perdida de sangre, demasiado cansado, cansado de pelear y de lo insulso, su muerte se veía cerca y en ese momento comprendía que no valía la pena lo que había sucedido, no había futuro y no quedaban huellas del pasado.

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