Saturday, June 9, 2018

Ensayo de Las Palabras y las Cosas, Michel Foucault

Las Meninas. -
No tomo el primer tema porque sea lo primero que aparece en el texto de Las Palabras y las Cosas, lo tomo debido a que las consideraciones realizadas por Michel Foucault respecto al cuadro de Las Meninas, el cuadro de Velázquez, son importantes para el Historiador en la actualidad y durante mi carrera he tenido la oportunidad de comprender algunas de ellas.

La relación que sostiene el ejemplo presentado con la realidad del Historiador se puede descubrir en una pequeña porción de lo que menciona Foucault al principio de este capítulo, “podría adivinarse lo que el pintor ve, si fuera posible lanzar una mirada sobre la tela en la que trabaja; pero de esta solo se percibe la trama, los montantes en la línea horizontal y, en la vertical, el sostén oblicuo del caballete”[1].

El deseo oculto del Historiador jamás será cumplido, el conocer la Historia en si es una imposibilidad que le somete a analizar constantemente su objeto de estudio por medio de diferentes herramientas, métodos y procesos, la burbuja temporal que observa, ese fenómeno del que tanto esta enamorado, es solo un reflejo cada vez más lejano de la realidad que se presentó, y en este caso se plasmó.

¿Sera acaso un pesimismo el que absorbe entonces al Historiador, para que trabajar entonces en un tema que jamás puede llegar a conocer en su totalidad, o es acaso algo más que le aferra a continuar buscando en significados, interpretaciones y etimologías lo que es este, su objeto de estudio, ante el resto del mundo? Una opinión muy personal del tema es que el Historiador es como el Clérigo, estudia y trabaja su religión y confía en que su Dios existe, aunque jamás lo ha visto, de la misma forma el Historiador es ciego en este sentido al estudiar y trabajar lo que es su ciencia, o arte, o cualquiera que sea su denominación, y confía en que la Historia existe.[2]

Dejando el pesimismo de lado consideremos entonces el cuadro, podemos llegar a comprenderlo de diferentes maneras, como lo hemos mencionado anteriormente, y esto se deriva del método de observación, metodología o procesos involucrados, pero a esto no podemos agregar el trasplantar nuestra psique al siglo XVII para comprender en plena totalidad lo que se trató de hacer implícito en el cuadro y que desde el siglo XXI se nos oculta y que por más que tratemos de evadir es donde nos encontramos posicionados para mirar hacia el pasado. 

El cuadro de Las Meninas es uno de muchos ejemplos en los cuales podemos basarnos para hablar de este tema, todo lo que existe lo hace en este momento, no existe un ayer para el cuadro ni un mañana, es un hoy en el que esta presente, en el cual se interpreta, el objeto no ha cambiado de ninguna manera, aunque puede estar conservado o encontrarse en un peor estado del que se encontraba originalmente, esto no le hace ser mas diferente de lo que es por sí mismo.

¿Qué cumple entonces el cuadro para el Historiador o la Historia? Es un espejo o reflejo, en el caso de Las Meninas es un doble-espejo debido al cuadro reflejado de los reyes Españoles Felipe IV y Mariana de Austria, aunque según Foucault: “no es como tradicionalmente se manejaba en la pintura holandesa en la cual se podía descomponer y componer bajo una ley diferente”[3]

El problema reside en que un espejo no es necesariamente claro, le podríamos llamar un espejo de obsidiana debido a lo oscuro y esotérico que puede volverse el interpretar un cuadro, su significado, la razón de su existencia, los actores o cualquier objeto relacionado a este, en el mundo queda oculto su significado ya que mientras crece y progresa el lenguaje se pierde una parte del bagaje que carga y a su vez lo que pudiéramos interpretar a ciencia cierta de este.

¿Qué nos presenta el cuadro, removiendo esta sensibilidad del Historiador que queda plasmada en este ensayo? Que las figuras representadas en el cuadro están atadas a la realidad de su momento, existe un complejo contexto histórico el cual ha llevado a la existencia del cuadro y los actores u objetos en este caso, el pintor es un pintor, la infanta Margarita de Austria es eso nada más, no es el objeto del deseo de una Corona extranjera ni una pieza importante en el complejo escenario político del siglo XVII, en el punto más absurdo podríamos poner sobre la mesa que es una niña en un cuadro, capricho de su padre que exista dicho cuadro, los que le rodean son sus sirvientes o allegados, familia, amigos, el hombre que mira desde el fondo puede ser alguien que simplemente quiere observar lo que hace el pintor, o tal vez este saliendo de la escena, su pose no permite conocer su dirección a ciencia cierta y con esto las posibilidades quedan abiertas a interpretación al igual que la locación del cuarto en donde se pinta el cuadro, Foucault indica que es el Escorial, el palacio Real Español, donde esto sucede pero de no saber esto podría ser cualquier lugar en el mundo.

El autor no es Diego Velázquez, es una figura que queda plasmada a un lado del cuadro, aunque por consideración podríamos decir que al no tener precedente que el autor se representa a sí mismo en una obra que le fue encargada podría ser el centro de este. A ultima consideración de Velázquez es que es como el cuadro de René Magritte llamado Esto no es una pipa en el cual representa a una pipa mas no lo es propiamente, un ejemplo de una limitación entre el lenguaje y los objetos que trata de representar, Velázquez en el cuadro no es Velázquez, aunque el lenguaje así lo indique.

¿Que observan los actores de este cuadro, acaso es el cuadro de los Reyes Españoles frente a ellos o Velázquez, pensando en aquellos que verían el cuadro terminado, figuraba a todos estos actores para que a la vez que observan a los Reyes también puedan observar de la misma manera a aquellos que visitan esta burbuja temporal? Considerando esto podríamos decir que Velázquez inconscientemente le ha heredado el poder de los Reyes a todo el que posa sus ojos sobre este cuadro, aunque sea por un instante.

El enfoque del cuadro es de igual manera claro, más allá de la Infanta o Las Meninas, sus sirvientes, o Velázquez, es el enfoque sobre los actores del cuadro y no sobre el lugar que los rodea ya que debido al manejo de claroscuro no es muy evidente pero si se presta atención el lugar está rodeado de cuadros los cuales no se pueden apreciar de manera correcta, solo es aquello lo que está en primer plano y el hombre que visita o se aleja al fondo del cuadro los que están visibles, dando a entender que lo importante está en el frente de la obra, incluso en perspectiva el hombre al fondo pertenece al cuadro debido a la iluminación, son el presente, todo aquello que esta alrededor es un pasado oscuro que no tiene importancia en este momento de representación.

Por último, lo único que nos queda es, por contradictorio que suene, continuar estudiando el cuadro desde el punto en el cual nos encontramos, el hecho de que no podamos conocerle tal cual fue en su momento no nos impide continuar esta labor de usar nuevas herramientas sobre un objeto que previamente ha sido investigado con tanto deseo.



[1] Michel Foucault, “Las Palabras y las Cosas” (Mexico: Siglo XXI Editores, S.A. de C.V., 1968), p. 14
[2] Que esto sea cierto o no va mas allá de este ensayo, aunque queda abierto a debate, si es obstinado o ciego también queda a debate, aunque puede ser más importante debatir la fe ciega que se le puede tener a un documento, independientemente de su validez, a lo anteriormente mencionado
[3] Ibid p. 17

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