Sunday, February 12, 2012

Sonrisas


El Conde de Ramos observaba con furiosa vehemencia el candor de aquella damisela conocida como Doña Urraca de Flores. Al notar la apasionada mirada doña Urraca removió su abanico, en un movimiento rápido, valiente y astuto, para enseñarle aquella sonrisa verduzca y putrefacta carente de belleza pero común entre la burguesía Europea. El Conde de Ramos respondió de vuelta con una sonrisa amarillenta.

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