Thursday, October 16, 2014

Cortés y la Caida

-¡Esforzados hijos de Santiago, por vuestras almas, por su Sacra Cesárea Católica Real Majestad, el Rey Carlos I, y sobre todo Dios que cuida de Castilla y León. Empuñad vuestros aceros y acabad con los fieros Mexicanos!- A gritos fue recibida la litania de Cortés hacia sus hombre, en aquel lugar que seria conocido como la batalla de Otumba, y a gritos de “Santiago guía mi acero” le respondían sus hombres aunque difícilmente audible entre los gritos de los cientos de miles de mexicanos en el valle debajo de ellos.

Mientras iba y venia con su caballo de aquí para acá, entre relincho y relincho del pobre animal, levantaba Cortés los ánimos de sus tropas y supervisaba las armas, los aceros, las escopetas, ambas alineadas a los lados de aquella colina que miraba hacia el valle y de la cual podían aprovechar su buena posición para acomodar los cañones a buena vista. Mientras daba una inspección final uno de los cañones trono e hizo un horrible estruendo que asusto al caballo de Cortés y le puso a trote directo contra el acantilado que daba hacia el valle.

-¡Capitán, cuidado!- Grito uno de los viejos soldados, de aquellos que vivieron la victoria del Capitán, el Gran Capitán Córdoba, en las guerras de Italia. Corriendo a rescatarle el hombre de pronto tropezó sin darse cuenta, cayendo por las rocosas piedras, que estaban muy grandes, mas grandes que el ego de Cortés, causándole una grave fractura en la cabeza.

 -¡Joder!- Cortés, logrando detener su caballo justo al borde, miro al fondo donde veía al pobre hombre pidiendo ayuda -¡Bueno viejo terco, que la pelea es aquí arriba y no tenemos prisa!-

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